1. Te expones demasiado.
La presencia es una estrategia.
2. Explicas más de lo necesario.
El misterio ordena.
3. Toleras lo que te resta paz.
Eso también comunica.
4. Persigues aprobación.
Se nota más de lo que crees.
5. Te cuesta poner límites.
Lo confundes con amabilidad.
6. Te justificas en exceso.
El criterio no se defiende.
7. Cedes para evitar fricción.
Pero pierdes espacio.
8. Descuidas tu estándar interno.
Y eso se refleja fuera.