No se trata de animales, sino de almas humanas.

​De esos que se presentan vulnerables para activar tu instinto de cuidado. Tú respondes entregando lo mejor de ti: tu tiempo y tu fe. Pero cuidado, porque hay quienes no usan tu apoyo para sanar, sino para afilar sus garras.

​Al final, el golpe te enseña la verdad: no buscaban una mano, buscaban un escalón.

Dar es una virtud; saber a quién, es una estrategia de supervivencia.